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Notas de Elbio Córdoba

 

Publicadas en Argentina y el mundo...

 

EL NACIMIENTO DE LAS IDEAS
Algunos manuales, al hablar del concepto de Idea, dicen que es algo impreciso, indeterminado, difícil de explicar. Lugares comunes como éste se leen y escuchan con más frecuencia de lo aconsejable. No se trata de explicar sino de vivenciar. Se trata de descubrir el modo más propicio en que cada autor construye las herramientas para capturar ideas. Un buen docente de Guión es aquel que ayuda a cada estudiante a construir sus propias herramientas. Allí es cuando se enfrentan los saberes académicos con los saberes propios.
Las ideas están todo el tiempo a nuestro alcance. Son tan obvias que, tal vez por eso, cuesta explicar su génesis. Nacen de observar lo obvio en lo real. Si uno le pregunta a un autor cómo nació su idea, es seguro que la vio por la calle un día. O una noche, o en su casa o donde sea. El asunto es que la vio, le prestó atención y entendió que allí había una idea. Todos los guionistas coinciden en que a sus ideas, antes de verlas en la pantalla, las vieron en la realidad alguna vez.
Kim Ki Duk, un día como cualquier otro, salió de su casa y recogió un papel de publicidad de una pizzería en la puerta. Luego vio que en otras casas estaba el mismo papel. “Seguramente, no hay gente en esas casas”, pensó, palabras más, palabras menos. Luego parió “Hierro 3”. Y parece haber enormes distancias entre salir de casa y el arte.
Richard Matheson, autor de la novela y guionista de “Duelo”, el primer largometraje de Steven Spielberg, imaginó esa historia luego de que un camión lo acosara en la ruta. Fue el mismo día que en que mataron a Kennedy. Ambos hechos le hicieron pensar que un breve instante puede cambiar toda una vida. Luego su tarea consistió en asimilar el camión a un monstruo tipo Godzilla, transferir el impacto emocional del magnicidio y redactar la novela. Luego el guión.
Scott Phillips, el autor de la novela que inspiró el guión de “La cosecha de Hielo”, dirigida por Harold Ramis, conoció al personaje principal una noche en un bar. En realidad, no era nadie en particular ni tenía mucho para generar inspiración. El autor puso mucho de sí. Steve Conrad, guionista de “The weather man”, dirigida por Gore Verbinsky, vivió la experiencia de ver a alguien arrojándole leche batida al hombre del pronóstico meteorológico, lo mezcló con algo que le contaron sobre terapias grupales y pensó una Premisa respecto de las diferencias entre hijos y padres.
De manera poética, lo expresa Harvey Pekar en “American Splendor”, de Pulcini y Berman, cuando no sabe si él es un hombre que escribe sobre sí mismo en una historieta o es un personaje de historieta. Todos somos parte de una historia y podemos tomar de ella elementos para construir otras que nos trasciendan.
Así como, para nacer, los niños necesitan del encuentro entre esperma y óvulo, las ideas surgen del matrimonio entre el afuera y el adentro. Una continuidad nacida de una discontinuidad. La realidad revela sus sentidos ocultos en algunos (constantes, muchos, todo el tiempo) fenómenos concretos. El autor es espectador de una realidad que se ofrece como la punta de un iceberg a ser descubierto yendo del exterior al interior de cada autor.
Como dice un personaje en “Ararat”, de Atom Egoyan: “yo he visto la masacre de los armenios, ¿qué hago ahora con mis ojos?” El autor atrapa la realidad en sus ojos y la devuelve en obras de ficción. Interioriza el exterior. Lo rumia. Lo fermenta. El estímulo exterior le permite al autor hacer inteligible lo sensible. El cine comunica lo sensible y lo inteligible fundidos en un solo fenómeno. Luego el espectador encuentra sentidos ocultos en imágenes concretas. Le pone sus propias interpretaciones a esa realidad representada en la ficción.
El éxito o el fracaso de cada intento de conexión entre autor y espectador a través de una obra, tiene que ver con la mayor o menor capacidad de traducir esa realidad en términos de ficción que haya tenido ese autor como intérprete de lo real. Tarde o temprano, eso que pasó vuelve a la superficie transformado por la ficción. Es por esto que, tal vez, todas las películas deberían comenzar con un cartel que diga: basada en hechos reales.
No sólo importa observar aquello que conmueve, aquello inteligible que sensibiliza, aquello concreto que se puede abstraer, aquello que tiene forma incipiente de historia. También es básico tener a mano algo para registrar esas observaciones, o la costumbre de contar aquello que vemos al pasar. Contar lo que pasa es una forma de encontrar ideas más aplicables que otras. Cualquier hecho que registramos puede ser útil en la historia que estamos escribiendo o en las que vamos a escribir. Para quien incorpora estas prácticas, pronto se reduce la distancia que hay entre recoger un papel de debajo de la puerta y crear una obra cinematográfica.
No se trata de devanarse los sesos buscando el truco ingenioso. Estamos rodeados de ideas que superan cualquier intento de engaño fácil. Se trata de atrapar los hechos con palabras. A través de las palabras es que los hechos de la realidad se transforman en acciones de la ficción. Sabemos que las historias no vienen listas para contar. Entonces llega el momento de la construcción narrativa, la dramatización, la combinación con otras ideas, la determinación de cuál es el texto y cuál el contexto. Allí comienza la aventura de conocer cuáles son las herramientas que cada uno puede construir. Allí cobra importancia la escritura de todos los días, la que nos hace escritores.-
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Posted on 26 Apr 2008 by Elbio

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