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Notas de Elbio Córdoba

 

Publicadas en Argentina y el mundo...

 

Correcciones y reescrituras
Linda Seger dijo hace poco en Buenos Aires algo interesante en cuanto a la revisión del guión. Sugirió dejar fluir la primera escritura sin evaluar el trabajo demasiado prematuramente. Para la siguiente versión aconseja no comenzar buscando donde están los problemas, sino preguntarse cosas tales como “¿en qué momentos vuela este guión? ¿Dónde funciona? ¿Cuál es su fuerte?”.
Trabajar sobre aquello que está bien es lo que llamo reescribir. Arreglar lo que está mal es corregir. La diferencia entre corregir y reescribir está en ver el lado negativo o el lado positivo de nuestra producción. En tomarse el trabajo de arreglar aquello que está mal o abonar el crecimiento de aquello que está bien. La corrección se caracteriza por el tachón y las borraduras, la reescritura es pródiga en inserciones. Reescribir es ver engrosar el guión de una manera más veloz que si estamos mucho tiempo hurgando en la herida, tratando de arreglar lo que, en la mayoría de los casos, sería mejor extirpar.
Trabajar sobre la manera positiva contra el trabajo en negativo, lleva a mayores entusiasmos, a creer que en verdad no estábamos equivocados cuando elegimos ser guionistas. La defensa de lo que está bien es el mejor ataque contra lo que está mal. Y no al revés. Años de sabiduría china nos demuestran que es mejor hermosear las flores que supieron nacer entre la gramilla de nuestras ideas que serán mucho más fuertes, a la larga, que esos engendros deformes de nuestro capricho.
Dicho de otro modo, no se trata de ir sobre la palabra (corregir) sino sobre la acción (reescribir). La acción combinada con otras acciones anteriores y posteriores, cercanas o lejanas, más o menos expresas. El escritor de novela, cuento, poesía, escribe palabras, las revisa y las corrige. El guionista escribe y reescribe acciones presentes. La acción, así sea en forma de diálogo, constituye la orientación necesaria. Y permite entonces pensar la escena en su estructura, en su sentimiento, en su conexión, en su lugar en la obra.
La velocidad de trabajo cambia cuando uno afronta el encendido de la computadora sabiendo que va a mejorar lo que ya está bien y no cuando se dispone a romperse la cabeza para ver cómo soluciona aquello que días antes vio con buenos ojos. Arrepentirse por lo que se hizo en otro momento, puede ser frustrante. Era otro momento de la obra también.
Es la diferencia entre la culpa y la responsabilidad. Reescribir está vinculado a dejar de lado las pretensiones (las tensiones previas) ideológicas o estéticas (o caprichosas). La reescritura, la modificación, el agregado, los desvíos, las bifurcaciones, se vinculan con los padecimientos del personaje y sus reacciones frente a ellas. La corrección, la eliminación de errores, la indecisión entre una u otra palabra, se vinculan con los padecimientos del autor.
El secreto del éxito es escribir. Si es todos los días, mejor. Escribir un poco, casi nada, todos los días, es escribir muchísimo a lo largo de muchos días (que los viviremos de todos modos). Sino, es difícil que “eso” se nos quite de la cabeza. Siempre que se tiene una idea, ésta no nos abandona. Lo mejor que podemos hacer, entonces, es darle curso a la tensión, liberar a través de la escritura las energías contenidas en el proceso vital. Esos traumas y fascinaciones que nos persiguen y alimentan, y que ponemos en los personajes, esos que somos nosotros mismos multiplicados.-
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Posted on 26 Apr 2008 by Elbio

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