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Notas de Elbio Córdoba

 

Publicadas en Argentina y el mundo...

 

Querer, hacer, saber
Por Elbio Córdoba.

Luego de haberse quedado sin cuerpo en “Matrix”, luego de haberse hecho digital, el héroe en el cine de hoy es parecido a esos adolescentes que hacen sus páginas web, a esos colaboradores de todas las páginas que acepten y fomenten la colaboración, a esos que elaboran o hacen correr las cadenas por Internet. El héroe dejó de parecerse a un ser humano y dejó su lugar al villano, que se parece a una sociedad que vive en las sombras del poder hegemónico.
En el cine que más interesa, la idea de un héroe digital es propicia para el protagonismo de un villano de carne y hueso. He ahí el acierto de “Batman, el caballero de la noche”, el caballero oscuro, el caballero que apenas es una sombra. Como afirma Stan Lee, “al personaje debe reconocérselo por la sombra que proyecta”. Algo similar señalaba Matt Groening al decir que “el personaje debe tener unas pocas líneas que lo hagan inmediatamente reconocible”. Es inconfundible una chica superpoderosa con una cabeza más grande que su cuerpo o los personajes amarillos de Los simpsons.
Esos rasgos, esas sombras, están en el villano, que quiere, hace y, finalmente, sabe. Ya cuesta aceptar un villano que sepa, haga y quiera, en ese orden.
Siempre se dijo que el villano debía tener su atractivo. Esa máxima ya es insuficiente: el héroe de hoy es el villano. Lo decía respecto de Batman y su guasón. Las recesiones y bolsas de comercio en caída de los que siempre quieren quedarse con más dinero aunque esto cueste vidas (de los otros) anuncian tiempos oscuros. Y en tiempos tan oscuros, la única revolución verdadera es la luz. El villano pone luz, como ya lo hiciera el film noir, a una sociedad que vive en la clandestinidad, hoy que son tiempos en los que el cine sólo es posible plenamente gracias a la piratería y el top manta. Toda prohibición genera delincuentes. Una sociedad de delincuentes necesita villanos luminosos en los que reflejarse.
Es el villano el que quiere poner orden en el mundo (orden caótico, como Internet), hacer justicia (por mano propia) y saber de qué se trata (eso de tener el control). El villano es el agente de cambio en una historia que sigue el curso de los héroes impuestos, héroes que saben antes, que hacen durante y que quieren después.
El personaje clásico quería primero, hacía durante el desarrollo de la historia y sabía luego de sortear múltiples obstáculos de transformación. El villano, al revés. Eso cambió. Pero el villano no ha cambiado el orden. Primero quiere, luego hace y luego sabe. Lo que ha cambiado es el protagonista de la historia.
El héroe digital, ante su falta de cuerpo, queda encerrado en su egolatría como Eco en la mitología, repitiendo y repitiéndose. Mientras tanto, el marginado, el excluido, el psicópata, se busca, hace y se encuentra. El final feliz no es el más justo. Nunca lo ha sido, lo sabíamos. Son muchos los ejemplos. Pongamos uno apenas. En “Chopper” de Andrew Dominik, el villano tiene premio y queda luego solo, al final, como un héroe ante su propia sombra.
Nosotros, los consumidores de cine y artes audiovisuales, sabemos que si queremos ver películas no debemos ir al cine sino a los festivales, en el mejor de los casos. Allí, compramos catálogos en donde está el cine que las distribuidoras del monopolio norteamericano no harán circular. Y luego buscaremos en donde sea lo que nos interesa. Como villanos.
“Cuando el mundo tira para abajo es mejor no estar atado a nada”, dice Charly García. El cine ha ido descendiendo desde las alturas de la gran pantalla a la mesa del televisor para estar, por ahora, en el piso del top-manta. Si todo sigue como se teme, el cine será enterrado con los debidos homenajes pos mortem. A menos que el villano quiera hacer.
En Argentina, el público en el cine, desciende un treinta por ciento año tras año. Luego de haber conocido el caso de Corea del Sur y su crecimiento de público durante diez años de leyes de protección, sorprende leer cada tanto en algún periódico que se culpe al precio de las entradas, a la televisión, al cable, a la piratería, a la inseguridad, hasta al precio del estacionamiento, sin jamás acusar al producto que exhiben los cines.
Si alguien va una vez por semana al cine, verá por año unas cincuenta películas. En Argentina se estrenan alrededor de doscientas cincuenta por año. Es decir que ese espectador consecuente ve un veinte por ciento de lo que se exhibe. Se pierde un ochenta por ciento porque sabe que es más de lo mismo. Desde hace muchos años vienen despareciendo cines y público de salas que pasan cine de Hollywood, no de Indonesia, por decir. Los análisis oficiales siempre miran para otro lado. Para eso le pagan. Y por eso mismo le dejarán de pagar cuando bajen las persianas.
La idea del héroe puede volver a ser la que era. Querer que las cosas cambien, hacer algo para eso y saber lo que significa ser un verdadero héroe, de carne y hueso.-
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Posted on 29 Sep 2008 by Elbio

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